lunes, 24 de enero de 2011

Es una lástima que no esté loco. Se conforma con vivir en la isla, ciertamente lejana,  ignota, y lo más importante, rodeada de agua por todas partes: arriba y abajo, antes y después, a la que de todas maneras podría llegar alguien en cualquier momento --puede llegar alguien: llegará: llegó. Es difícil de aceptar, porque tarde o temprano deberá responder de algo, por lo menos responder cuando se le hable, y lo malo del lenguaje es que en cualquier momento puede ser usado para dirigirse a él, y entonces comenzará el fin de la isla, cada vez más cercana, con guía de viajeros, y lo peor, rodeada de tierra por todas partes: acá y allá, antes y después. Ni siquera está seguro de haber llegado a una isla. Cuando mira al horizonte, apenas una sospecha de agua. Podría no ser siquiera arena.

Demonio mesopotámico





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Medio Oriente Antiguo



Hace tiempo, descargué un torrente de imágenes correpondientes a diversas mitologías del mundo. Ningún nombre de archivo identifica la escena representada; solamente se lee "Ancient Middle East 12", "Ancient America 3", etc. Así que darles nombre depende de mis "modestas luces". Poco a poco, espero subir algunas de ellas al blog y nombrarlas cuando las reconozca. En este caso, ignoro quiénes son los personajes representados. La imagen me gusta por su patetismo, su aire de inevitable infortunio -no parece que el héroe, si es un héroe, pueda salvar al toro de la serpiente.




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Entonces, allá (radiación de fondo)

A partir de aquí, se extiende el espacio. A partir de ahora, transcurre el tiempo. Ya nunca podrás, cuando extiendas la mano, confiar en que halles lo que buscas; ya nunca podrás, cuando extiendas la mano, confiar en que al final de tu brazo haya eso, una mano. Bien puede haberse convertido en polvo mientras el pensamiento navega confiado el cauce de los nervios, sin pensar en que al final lo que pueda haber sea eso, un muñón, vamos, que al final siempre hay un muñón. Pero esas cosas pasan desde que, entonces, comenzó el espacio; desde que, allá, empezó el tiempo. Y la misma luz comenzó a verse envejecida conforme recorría el espacio, y de vez en cuando escuchaba cómo le iban sentando los nombres de la vejez, corrimiento al rojo, efecto Doppler, radiación de fondo. Ahora la luz, mucho tiempo después de que empezara el tiempo, se sabe larga y fría como un llanto, como sueño de moribundo, como sueño sin sueño: radiación de fondo.




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domingo, 2 de enero de 2011

Primer animal de este blog

Los primeros en abandonar las rocas son los que han dormido en una pared umbría donde el frío los despierta temprano. La cola tiene el aspecto de un lóbulo membranoso, y la cabeza es relativamente pequeña, redonda y desprovista de pabellones auriculares. Habitan las llanuras arenosas cubiertas de boscaje, los campos y lugares semejantes, rozando las lindes de las selvas. Insensibles al hambre y a la sed, acusan, en cambio, la humedad y el frío. Rara vez dejan oir su voz, y si lo hacen es en horas crepusculares o cuando se sienten inquietos. En tales casos emiten un sonido lastimero y muy prolongado, que obra en las rocas y las raja a pedazos.
    Durante muchos años oí los relatos de los viajeros, consideré las descripciones de los físicos, medité los sueños de los filósofos. Ahora los tenía frente a mí.

   A lo lejos, la barranca semejaba una gigantesca esponja abandonada por un mar en fuga, acobardado por el tiempo, y en sus poros se distinguían las siluetas de estos seres como gusanos en un cadáver aún reconocible. Con cuidado, bajé por la pendiente y me dirigí a la otra ladera, atravesando un país salvaje y extraño donde un rosal procede de otro rosal y un perro de otro perro.
   El primero en advertirme fue un ejemplar de gran talla, de curioso plumaje, en cuyos ojos inquisitivos leí una historia de ensañados acosos y persecuciones atroces. No hizo nada, sin embargo, quizá porque mi continente le hablaba del observador abismado. La manada se había dispersado entre los sueños de las primeras horas, donde un matorral no se distingue de una pesadilla.




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Fundamentos de antropología

El cordón umbilical humano es una triple espiral, formada por una vena y dos arterias, surgida de los abismos del mar, donde está hirviendo la materia del universo. Tal es el origen del barro, con formación de oquedades y hasta de curiosos dibujos –y así un rosal procede de otro rosal, un perro de otro perro, con raíces que obran a manera de poderosas cuñas, o entre la niebla, como un alado mensajero de las tierras bajas. Y al morir caen a manera de finísima lluvia. Más luces vienen después, muchas de ellas en racimos.




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lunes, 23 de noviembre de 2009

La sofocante canción del humo desciende por mi garganta

como una gata sombra por la interminable escalera

de una casa toda ecos y toda sueño y toda sola.

Desciende el humo con paso de ensimismada

que lleva en la mano un cuchillo y en la otra una señal,

y se siente acariciada por la sombra como por una ebria hermana.

El humo,

con sus ojos de ansia hundida en su más remota profundidad,

se mira desde mi adentro

y su mirada me acaricia con mano cálida la memoria

y entorna los grises párpados

como una muchacha medio despierta

que en nosotros recuerda su más secreta,

su más íntima, su más de nocturno

zumo de granada pesadilla.

Y el humo muchacha murmura mi nombre,

y mi nombre se escuece en su lengua

como una gota del tiempo la más póstuma agua

devorada por una sed que desde siempre

más allá de los astros aguardase.